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¿QUÉ ES ENTRAR EN FLOW?

ÍNDICE

Es el estado en el cual las personas nos encontramos tan involucradas en la actividad que nada más parece importarnos; estamos totalmente centrados en el disfrute de la actividad que estamos realizando. De este modo, nuestras acciones y pensamientos fluyen sin pausa, sin aparente esfuerzo, nos olvidamos del tiempo, incluso de nuestro propio yo. Relacionado totalmente con el disfrute y el disfrute con la felicidad.

Factores determinantes para conseguirlo.

Las metas están claras

Para que una persona esté totalmente implicada en cualquier actividad es esencial que sepa qué tareas ha de realizar en cada momento. Por ejemplo, lo que abstrae al escalador no es la meta de alcanzar la cima, sino la tarea inmediata de hacer el siguiente movimiento sin caerse.
“Por ejemplo, lo que abstrae al escalador no es la meta de alcanzar la cima, sino la tarea inmediata de hacer el siguiente movimiento sin caerse. La meta que hace que un jugador de ajedrez esté concentrado no es ganar la partida, sino conseguir la posición más estratégica con el siguiente movimiento o serie de movimientos.”

El feedback es inmediato.

Es difícil que las personas se concentren en cualquier actividad a menos que reciban a su debido tiempo información actualizada sobre cómo la están desarrollando. La sensación de estar totalmente involucrado en algo, típica de la experiencia de fluir, se debe en gran parte a saber que lo que uno hace tiene importancia, que tiene sus consecuencias. El feedback puede venir de los compañeros o supervisores que comentan nuestro rendimiento, pero lo mejor es
que sea la propia actividad la que proporcione esta información.«Notas cuando las cosas no están yendo bien. Habrá problemas de riego y los tejidos no cicatrizarán bien» o «confías totalmente en una respuesta inmediata y precisa…», «siento que algo funciona por el aspecto que tiene».

Un equilibrio entre la oportunidad y la capacidad.

Es más fácil involucrarse por completo en una tarea si creemos que la podemos hacer. Si nos parece que está fuera del alcance de nuestras posibilidades nuestra respuesta suele ser la ansiedad; si es demasiado fácil nos aburrimos. En cualquiera de los dos casos la atención se aparta de lo que se ha de realizar: la persona ansiosa se distrae con las preocupaciones por el resultado, mientras que la aburrida empieza a buscar otras cosas que hacer.
«Es evidente que no vas a conseguir ninguna perfección al escalar porque tu mente siempre está un paso por delante […]. Siempre puedes pensar en el paso más perfecto que puedes dar […]. Es un movimiento incesante».

Básicamente, cuanto más hábil es una persona, más mejoran sus estados de ánimo; mientras que cuantos más retos tenga, más se enfocará y concentrará su atención. Como cabía esperar, la experiencia óptima está representada por el “canal de flujo», donde retos y habilidades están por encima del nivel medio; en esos momentos uno es feliz y está enfocado. Éste es el estado que describen el poeta, el atleta, el cirujano y el montañero cuando están en la cumbre de su experiencia. En los otros siete “canales” los retos y las habilidades no son tan altos ni están tan equilibrados; ya sea la felicidad o la concentración, o ambos, están más debilitados.

La concentración se vuelve más profunda.

Cuando empezamos a responder a una oportunidad que tiene unas metas claras y proporciona un feedback inmediato, es muy probable que nos involucremos en la misma, aunque la actividad en sí no sea demasiado “importante”, como un juego, una afición o una conversación interesante. Cuando la implicación atraviesa cierto grado de intensidad, de pronto nos encontramos dentro del juego, del objetivo o de la interacción. Ya no hemos de pensar en lo que tenemos que hacer, sino que actuamos espontáneamente, de manera casi automática, incluso cuando algún aspecto de la tarea que tenemos entre manos es muy difícil o peligroso.
Cuando se fluye la concentración puede ser tan profunda que a menudo se ha empleado el término “éxtasis” para describirla. En griego “éxtasis” significa literalmente “estar a un lado”; en su sentido figurado significa estar fuera de la rutina de la vida cotidiana en una realidad separada definida por las reglas y las exigencias de la actividad.
En esos momentos la distinción entre el yo y la actividad desaparece. En las palabras de un ciclista de elite: «No parece que vayas sentado en una bicicleta. Sientes como si fueras un solo mecanismo en funcionamiento […] como si hubieras nacido con esa máquina».

El presente es lo que importa.

La mente humana está programada para pensar en las amenazas, en los asuntos sin resolver, en los fracasos y en los deseos insatisfechos cuándo no tiene nada más urgente que hacer, cuando la atención está libre para vagar.
«Cuando el juego es estimulante, no oigo nada, tengo la sensación de estar desconectado del mundo y lo único que existe es mi juego». Jugador de baloncesto.

El control no es problema.

Cuando la gente describe sus experiencias de fluir, una de las cosas que menciona es una fuerte sensación de control de la situación.
No se trata de poder hacer siempre lo que uno quiere, sino más bien que la posibilidad de hacer que sucedan las cosas como uno desea está presente de una manera que rara vez se produce en la vida “real”.
Tal como lo describe un jugador de baloncesto: «Siento que tengo el control, sin duda. He practicado y tengo un buen sentimiento con los lances que hago […] no siento que tenga el control sobre el otro jugador, aunque no sea muy bueno y sepa cómo vencerle. Es sobre mí, no sobre él en quien estoy trabajando».

La pérdida del ego.

Aunque normalmente cuando fluimos nos olvidamos de nuestro yo, después de ese acontecimiento nuestra autoestima reaparece con más fuerza que antes. Cuando se hacen mediciones de la autoestima de una persona durante el día, se descubre que, tras haberse acercado a un estado de fluir, la puntuación en autoestima aumenta significativamente.
Igualmente, las personas que tienen más experiencias de fluir también son las que suelen tener la autoestima más alta.
El escalador Dennis Eberl, al recordar un difícil ascenso al Matterhorn, habla de esos «raros momentos de unidad casi orgiástica en los que me olvido de mí mismo y me pierdo en la acción».
Lo que olvidan es su persona social, nombre, rango y número de serie, por así decirlo, con todas las responsabilidades que ello conlleva. Es un estimulante sentimiento de estar momentáneamente liberado de la conciencia del yo, de las propias ambiciones y fracasos, miedos y deseos.

Fernando Royano

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